Mariela sufre de violencia durante el embarazo

En cuanto la mayoría de mis amigas se enteró de mi embarazo decidieron simplemente alejarse, terminé cambiándome de colegio al final de año porque me daba pena. Todavía me sigo preguntando: ¿dónde están mis mejores amigas?

A pesar de todo creo que comprendo eso, porque hay papás que no les gusta que sus hijas les hablen a otras chavalas que ya tienen hijos, porque piensan que les va a pasar lo mismo. Así que por ese lado yo no insistí en conservar esas amistades. Además luego me fui del colegio, con el tiempo reflexioné y me di  cuenta que no son amistades que iban a permanecer a mi lado en las buenas y en las malas.

Es decir que no son verdaderos amigos, cuando estamos más jóvenes lo creemos así por lo que pasamos casi los 365 días del año viéndolos en el colegio o cerca de nuestras casas. Si antes de estar embarazada yo consideraba que tenía 10 amigos, luego de tener a mi hija tenía menos.

Definitivamente fue peor, porque las personas que se acercaban a mi, lo hacían por curiosidad, solo querían saber sobre mi embarazo.

Tres meses después de tener a mi hija, una vez que ya me había cambiado de colegio, durante el primer día de clases una muchacha se acercó a mí y me preguntó: «¿Es cierto que tuviste una hija?». Yo me quedé muda. Era la nueva y en ese momento me dio pena, mucha pena.

En todo ese proceso yo estaba en medio de tantas cosas tratando de asimilarlo, 9 meses tuve para aceptar una vida completamente nueva. Estar clara que en ese corto tiempo mi vida había cambiado por completo. Toda la experiencia fue un torbellino, un huracán de sentimientos.

Creo que desde chiquita, el hecho de que mi mamá me haya dicho: «Dios te ama, Dios te quiere» e inculcarme el amor hacia Dios, me ayudó mucho a evitar que durante el proceso de embarazo yo haya tomado una decisión de suicidio.  Porque fue muy difícil, toda esa avalancha de cosas afectando a una sola persona, pero también entendí que matarme era como la decisión más fácil.

Pero me he preguntado muchas veces ¿qué pasa con esas jóvenes que no tienen a nadie que se los haga saber?. Llegué a comprender por ese lado ese tipo de decisiones que algunas jóvenes llegan a tomar. En ese sentido tengo que admitir que hasta cierta edad también me daba pena que mi hija me dijera mamá porque la gente me quedaba viendo mal.

Lo que terminó de afectarme más fue la relación con el papá de mi hija. Durante mi embarazo me mudé un tiempo a su casa, pero salí rápido de ahí porque él me golpeaba. Era igual que su papá, machista y abusador. Luego de haberme ido de la casa me buscó por mucho tiempo. Me llamaba borracho al celular para decirme que regresara.

Actualmente no tengo contacto con él y sinceramente no lo odio porque sería darle importancia, pero lo quiero lejos de mi hija.

Él no es una buena persona y mi hija lo sabe, pero no lo sabe por mi, o porque yo y mi familia hablemos mal de él. Lo sabe porque en el poco contacto que han tenido, él se ha encargado de hacerle sentir eso. La única de su familia que se ha preocupado es su mamá. Una señora que también es víctima de violencia por parte del abuelo de mi hija, pero que a pesar de su situación y sus preocupaciones, ha sido la única capaz de estar pendiente de mi niña.

Los invito a acompañarme en el último capítulo de mi historia, pero no me despido sin antes preguntarles: ¿Qué harías si vos o alguna amiga pasara por la siguiente situación?