Cuando un delito se presenta como chiste, ¡a lo que llegan los medios de comunicación por vender!

Él es el picaflor. Ella, la que, como parte del guion de una novela mexicana, llega a impedir la boda del pueblo y de inmediato se convierte en el hazmerreír de los espectadores. Material de oro para Acción 10. La tragedia de dos jóvenes adolescentes, una de 17 años y la otra de 18, es presentada con mofa y morbo. ¡Lo que pide la gente!, dirán los defensores del noticiero supuestamente más visto del país.

 

El reportero, convencido de que ha encontrado la nota jugosa del día, ha decidido darle más drama al vídeo, usando como introducción la voz de un sacerdote que oficia la ceremonia. Seguido, hace introducción de los personajes y los hechos, porque, claro, es lo que se hace en el periodismo, contar el qué y el quiénes: la boda de un “picaflor” de 40 años que ha conseguido casarse con una joven de 18 y que, además, como todo “garañón”, tiene a “su actual mujer”, una adolescente de 17 años, embarazada y con un hijo de cuatro años en brazos, desesperada por impedir dicho matrimonio. ¡Clase de picaflor! ¡Sí que la hizo! ¡Y clase de culebrón! Nada mejor que ver en el noticiero una réplica criolla de la escena que acaban de transmitir en la novela de las cuatro de la tarde.

“Él durmió en mi casa y me dijo que no se iba a casar. Yo soy su mujer. Le tengo un hijo y estoy embarazada. Soy menor de edad, tengo 17 años”, dice Rosa, visiblemente ofuscada ante la cámara del periodista, quien ignora por completo la denuncia que acaba de hacer la joven adolescente y decide continuar con la narración del intenso drama que tiene frente a él. ¿Para qué detenerse a hablar de la realidad de una niña que ha sido abusada y embarazada por un mayor de edad, que, además, acaba de casarse con otra muchacha tan joven y tan inocente como ella? ¿Para qué hablar de este hombre como el abusador que es? No, no, mejor presentarlo a él como un picaflor y a ella como la mujer despechada, así la nota queda más divertida. Seguro que la gente reirá, algunos festejarán “la viveza” de este conquistador y, tal vez,más de alguno lo cuestionará y le tildará de sinvergüenza, aunque también juzgarán a las muchachas, por andar de “loquitas” dejándose “enamorar” y “abriendo las piernas”.

El periodista no solo ha aprovechado para burlarse de los personajes, sino también de su realidad socioeconómica. Le llama limosina al destartalado taxi que traslada a los recién casados. Se burla de la “mala suerte” que tuvieron, porque la “limosina” se les apagó y muestra al “picaflor” desesperado, pidiendo auxilio, que empujen el carro para salir de allí. Al periodista no le dio tiempo de interrogarlo, de preguntarle sobre su anómala relación con una menor de edad. Finalmente, el carro arranca, dejando un rastro de polvo y la alharaca de los presentes que celebran tan singular escena.

La policía se presentó al lugar de los hechos, pero el periodista tampoco consideró necesarias las declaraciones de la oficial que, al parecer, discutía con la joven menor de edad. Quién sabe, a lo mejor algo hubiera dicho la policía sobre el hombre que, a todas luces, era culpable de violación. Interesante que no hubo, tampoco, de parte de las autoridades, ninguna intención de detener al hombre e investigar tal delito.

Una nota jocosa es prioridad para Canal 10. Hablar con seriedad de un grave problema en nuestro país, es aburrido. Así estamos. Que los medios de comunicación hagan de este caso una nota viral por lo “divertido” e “inusual”, en vez de aprovechar la oportunidad para abordarlo como un ejemplo de lo real y terrible que es el embarazo adolescente, nos dice mucho del rol que le estamos dando al periodismo en nuestra sociedad.

Me rehúso a creer que la función de los medios en Nicaragua se haya resumido a entretener y difundir prejuicios sociales tan dañinos. Me niego a pensar que es la función que se han auto designado porque es “lo que pide la gente”.

Si a los periodistas y a los medios de nuestro país se nos ha olvidado que una de nuestras razones de ser es la de construir sociedad y pensamiento, es necesario que las audiencias reclamen. Escribo como periodista, como mujer, como nicaragüense, como receptora de este tipo de contenidos que abunda por doquier y que tanto mal nos hace. Se me hace imposible excusar a quienes son responsables de contenido de este tipo. ¿Es que lo único que importa es el rating y los compartidos? ¿Es que se les olvidó las repercusiones sociales que tienen los mensajes que transmiten? Con indignación, pero también con todo el respeto, pido a quienes están al frente de los medios, a editores y editoras, a periodistas, revisémonos. ¿Qué sociedad estamos construyendo con los temas que decidimos abordar y la forma en que los presentamos? ¿Qué palabras y qué discursos estamos propagando y reforzando? Pido también a las audiencias que denunciemos este tipo de periodismo y exijamos contenido que nos edifique, que cuestione lo mal que estamos como país y que promueva soluciones. El embarazo adolescente, la cosificación de las niñas y una muestra más del severo machismo que nos corroe como sociedad no deberían ser objeto de burla de un medio de comunicación, sino motivo de una importante discusión para erradicarlos.

Escrito por: Cindy Regidor